Una buena lectura tiene una estructura: comienza con la forma general de la carta, nombra los tres grandes, aborda los dos o tres emplazamientos más destacados, añade el aspecto más relevante y cierra con el tránsito actual. Veinte minutos de material, presentados en ese orden, resultan coherentes para alguien que no sabe nada de astrología.
La ética es sencilla e innegociable. No predigas la muerte, la enfermedad o el embarazo. No le digas a nadie que deje una relación o un trabajo. No leas para quien no te lo haya pedido. La astrología se ofrece con fines de reflexión y entretenimiento, y nunca debe sustituir el consejo médico, legal o financiero.
El mejor hábito que un lector puede adquirir es describir en lugar de decidir. «Este emplazamiento a menudo se manifiesta como X, ¿te resuena?» invita a la corrección. «Tú eres X» invita a la adulación o a la ofensa, y no te enseña nada sobre si tenías razón.