El seguimiento falla por la misma razón que la práctica: el exceso de diseño. Tres valoraciones rápidas —estado de ánimo, energía, claridad—, más una etiqueta y una frase opcional, te llevarán veinte segundos y producirán datos que realmente conservarás. Una página de diario cada noche no sobrevive a febrero.
Valora el día tal como fue, no como te hubiera gustado que fuese. Un registro que solo anota los días buenos es peor que no tener ninguno, porque te enseña un patrón falso. Los tres y los dos son donde reside la información útil.
Registra siempre a la misma hora. Las valoraciones de la noche y las de la mañana miden cosas distintas, y mezclarlas hace que cualquier patrón que encuentres sea poco fiable.